domingo, 23 de enero de 2011

Esa habitual actividad reflexiva

Lejos de la habitual actividad reflexiva, mi dia a dia se configura hoy en actividades practicas y fisicas como guardaparque de la quebrada Macul; rondas preventivas, recoleccion de desechos, precarios intentos de educacion ambiental express para visitantes, y el combate "algo" improvisado de incendios forestales en el sector.

Escribo de noche, me duele la cabeza y fumo cigarrillos mentolados. La verdad es que he cambiado, y sigo cambiando. No el cambio radical, espontaneo y definitivo que antes esperaba, sino esos cambios reales, lentos y a veces imperceptibles que se suceden con el dolor, con la resignación y con el duelo -¿duelo de que?, quizás de mis concepciones infantiles con respescto a la vida y los demas. Quizás no-. Las decisiones obviamente toman siempre un rol protagonico en estos procesos, como la decisión de ser más práctico, de ser más honesto (aunque esa honestidad se limite muchas a veces a uno mismo) y a veces, incluso, la decision de dejar de intentar -¿intentar que? no importa, no va al caso-. Pero, porsupuesto, aun con cambios que generan decisiones y de decisiones que generan cambios la mayor cantidad permance inalterable, cosa que siempre me volvió loco, aunque no fuera una locura clinica, sí una locura hogareña, y tuve más de alguna pataleta al respescto. Sí, la idea de escencia se justifica en la experiencia, aunque para nada necesariamente con los apellidos que le imponen todo el tiempo; no hablamos de religión ni genetica, hablamos de francisco de Asis. Hablamos de la paciencia para aceptarnos y el poder de discernirnos. Hablo de la mediocridad, hablo de la felicidad y quizás más que nada hablo del abismo. Pero quizás este hablando también un poco de Dostoievski, pero solo el Dostoievski que conozco y que no tiene nada que ver con el real y completo, sino más bien con Alexei Ivanovich y con los vicios humanos.
Hay decisiones que se toman por nostros y que nos configuran -eso dice la psicología del siglo XX- y eso puede tenernos encabronados toda la vida, e incluso más de una. Pero ese no es el punto; ni el cambio en si mismo, ni los intentos, ni los cigarrillos mentolados o Dostoievski e Ivanovich. Ni siquiera el dolor mismo -y decir que el dolor no es el punto no deja de doler-, el punto radica quizás en la reflexión, o el lugar que ocupa antecediendo o sucediendo a la decisión. Pero también quizás, radica sobretodo en el hecho que no toda decisión debe antecederse necesariamente de una relfexión, ni sucederse tampoco. Y eso es una decisión que decido hoy no reflexionar. Así como el hecho de cerrar sin corregir las contradicciones ni redondear algunas ideas.
Es tiempo de ser prácticos y selectivos, aunque sea por un ratito; Aunque nos vuelve un poco cripticos, y menos populares.

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